miércoles, 14 de marzo de 2012


POEMA SEIS

OH, PADRE QUERIDO.

 Cuanto tiempo yo os clamé de niño
Y a mi voz, tú resististe con amor
Cuanto extendí mis manos, y estuviste para escucharme
Más dime si cuando clame mi boca al SEÑOR, mi voz lo encuentre.

Tiempo he clamado en el desierto
Y no hubo quien escuchara, ni quien alzara mi mano
Entonces como podeis decir que mi boca y mis oídos
Desechan todo consejo tuyo?

Yo no quiero tu reprensión,
Ni a quien se ria de mis calamidades.
Tampoco he de burlarme de mi prójimo
Cuando   llegue pronta la destrucción que temes,

Cuando la calamidad llegue como torbellino arrasante
Cuando vengan sobre nosotros las tribulaciones
Cuando la angustia campee en tierra cierta
Vendrán en culpa ajena, pero incierta a las verdades.

Entonces oh amado padre,
Me llamarán a la gloria, y no responderé;
Si no escucho de tu boca
Las voces que hablen de los pesares.

Buscarán de ti con diligencia
Todos los rostros que te echaron al olvido
Para hallar sosiego entre tus sombras
Buscarán de mi y no me hallarán, porque no quiero ser pecado.

Y eh ahí, la hora, de cuantos como yo
Aborrecieron el conocimiento
Echando a menos escoger el temor a Jehovah.
Despreciando tus consejos, oh, como temo al temor.
 

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